miércoles, 29 de abril de 2009

Velos de ignorancia, no por favor.

Desde hace años me han obligado a conocer a John Rawls. Normalmente, un estudiante de Ciencias Políticas o de Derecho no puede aprobar si no conoce el libro “A Theory of Justice”. Pero cuando uno, por curiosidad va profundizando y por ley de vida viviendo, se da cuenta de que estas teorías nacen tocadas desde el principio.

En ese necesario esfuerzo por desaprender nos damos cuenta de que cualquiera de nosotros no puede distinguir ni saber por sí solo qué es el bien ni la justicia. Debemos mirar a nuestro alrededor para poder pronunciarnos. Uno está ubicado en función de un marco de referencia y no puede renegar de su pasado. Uno no puede traicionar, por moralidad, los cimientos de su personalidad. Sólo conociendo uno su alrededor, puede construir un iter de vida encaminado a un buen fin, cual es su felicidad y la de los suyos.

Este marco de referencia, es una parte de la estructura de la que tanto os he hablado. Quienes han hecho un ingente esfuerzo para cambiar las estructuras ya conocen las consecuencias, nefastas en lo material y espléndidas en lo moral. Más bien aconsejaría utilizar la técnica del "agua de río", que lentamente va modelando la piedra. Sobre todo en estos tiempos de pensamiento único. Un pensamiento único que disfrazan con dos polos. Pero todos sabemos que la Pepsi y la Coca Cola son la misma cosa pero con diferente gas.

De modo que os invito a que os tomeis una Alhambra 1925, que os subais al Mulhacen y contempleis el mundo como Jack en el Titanic. "Soy el rey del mundo". Y será el rey del mundo si defiendes la razón, si quieres a los tuyos, si eres independiente. Eso es un mérito esta Edad Neo-Media donde los villanos han de acogerse al señor más poderoso. Donde han de labrar de sol a sol por mantenerse vivos. Donde deben repetir la doctrina que en su castillo o parroquia se profesa.
En este pais, amigos, estar bajo un símbolo determinado cuenta y mucho. Significa en primer lugar, renunciar a la apariencia de independencia y por inercia, uno queda marcado como un toro de lidia. Significa en segundo lugar, que si el señor de tu castillo fracasa debas encomendarte a la servidumbre de por vida. Todos sabeis que a los perdedores terminan decapitándolos.
Conozco bien las consecuencias de las utopías cuando me he dado de bruces con la realidad, o cuando me animaban a seguir, clavándome el puñal por la espalda o relegándome al final de la fila. Creo saber de lo que hablo. Pero también conozco la fuerza de la ilusión cuando he asumido el riesgo y he sido partícipe de los cambios. Muchos saben de lo que hablo. ¿Recordais cuándo las lapas clientelares mudaron de árbol por que del que venían no disponía de más jugo?

Confieso que estoy contento de no disfrutar de las circunstanciales savias, sino de la raiz de mi trabajo y de la luz del conocimiento. Todo con la esperanza de un país mejor.
Será, cuando los españoles decidamos ser independientes y asumir riesgo del voto inútil. El riesgo de ponerse el "pijama de rayas" del equipo que casi nunca gana, de la tienda de barrio, de cambiar el dial, de dormirse con los documentales, de las fiestas sin sermones y de la constante hoja de reclamaciones. Pero para eso se necesita una instrucción pública sin el "velo de la ignorancia" y con las "gafas de la inteligencia".

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