miércoles, 6 de mayo de 2009

Cuando se apuntan con el alfiler.

Recuerdo cuando en una clase nos explicaron el sentido de la ropa en la política. Existen muchas clases de camisas. Esta la roja de Garibaldi y los comunistas, la azul de los falangistas o la negra de los fascistas italianos. Dentro de la camisa azul están los camisas viejas y los camisas nuevas, según hayan militado antes o despues de las elecciones del 36.

En Génova, 13, sin saber tanto de confección, han decidido suspender de militancia a su diputado autonómico Benjamín Martín Vasco y a sus dos compañeros: Alberto López Viejo y Alfonso Bosch.

La atención mediática, y de la pasarela, ahora se centra en el Presidente Francisco Camps. El alfiler apunta a Valencia. Con este encaje de suspensiones se resta credibilidad a su presunción de inocencia, desde su propio partido. Tal vez tenga escasa repercusión en el muestrario de la próxima cita electoral.

Es en ese arte de saber administrar y tejer las responsabilidades donde se miden los responsables de organización de los partidos. Un arte que también se muestra con la pretensión de desactivar al compañero que puede hacer sombra, y que Cospedal pese a sugerir que Camps no se verá afectado, en realidad le concede una especial afectación.

Desde el comienzo del caso ya han caído los ex alcaldes de Arganda del Rey, Ginés López; Pozuelo, Jesús Sepúlveda; Majadahonda, Guillermo Ortega; y el de Boadilla del Monte, Arturo González Panero. También se ha librado una batalla interna.
El sueldo de un diputado, a mi juicio, es suficiente para vivir honradamente. Por tanto, no sé porque tenemos que ver en prensa, un día sí y otro también, tan elevados casos de corrupción en todos los partidos, y especialmente, en los dos grandes de España. Todo esto forma parte de escenificación frentista y les concede todas las portadas informativas, llenando así la vida española de bipartidismo putrefacto.

Ya va siendo hora de confeccionar un nuevo traje legal que impida que los políticos se vistan por la cabeza, que fomente el ponerse el "pijama de rayas" y que erradique de una vez el "cambio de chaqueta". La solución pasa por la modificación del sistema electoral, la financiación de los partidos y la posibilidad de que se empiecen a considerar más a las personas honestas, y no tanto a los grupos.

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