lunes, 30 de mayo de 2011

Digitus interruptus.

Es evidente que el PSOE renunció hace mucho tiempo a su característica naturaleza de partido de masas. La financiación recibida deja observar claramente la importancia del influjo exógeno en la vida organizativa del mismo. De manera que al socaire del debate sucesorio, tras la renuncia de Carme Chacón, sería bueno precisar algunas consideraciones.
  • Un partido como éste, dinástico, con un marco ideológico difuso, de carácter liberal y de severa personalización de sus grandes líderes, no puede dar juego a las candidaturas que se aventuran ganar las primarias a Rubalcaba. En cumplimiento de sus Estatutos y por la integridad del Gobierno se ha elegido esta formula a la que llamaré "dedazo interruptus". Una suerte de primarias con resultado anticipado.
  • El aparato del partido conoce la animadversión que suscitan sus candidatos propuestos. De manera que estas candidaturas emergentes, de Sevilla o Móstoles, no serán -salvo que se fomente entre ellas el enfrentamiento, y sólo sean medio de legitimación del Ministro del Interior. Es como jugar con las cartas marcadas.
  • Las bases sociales del partido han visto cercenadas sus aspiraciones de gestión en las pasadas municipales, arrastrados por un tsunami azul causado por la necedad del equipo de Ferraz. El responsable de campaña, el Sr. Blanco, debería haber puesto su cargo a disposición del partido, como también otros, por la culpa in vigilando que les atañe. Curiosamente las federaciones que menos han sufrido el oleaje conservador han sido las que apoyaban inicialmente a Chacón (Cataluña y Extremadura).
  • Queda claro, por parte de la ciudadanía, que la candidatura de Rubalcaba representa el continuismo de las candidaturas cerradas adorando a un líder. En cuanto al signo de gestión representan las politicas públicas de recortes que amputan cualquier esperanza para los más necesitados de la sociedad (pensionistas, jóvenes, parados y pequeños empresarios).
  • Por tanto, cabe concluir que Luis Ángel Hierro o José Carlos Carmona verán otra vez la guadaña de Ferraz sobre sus fauces, tal y como le ocurrió a José Luis Borrell hace algunos años. Es como si los cuadros socialistas vivieran en otro mundo y no hayan aprendido nada de los movimientos ciudadanos de indignación que recorren ya medio mundo.

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