martes, 20 de septiembre de 2011

Menos IVA inmobiliario y más oportunidades.

Hubo un tiempo en que todo el mundo se dedicó a hacer casitas, bloques de pisos y megaurbanizaciones. Competían por ver quién las construía más grandes y en menor tiempo, mientras se fumaban un Montecristo. Luego pincharon desde EEUU el globo de las finanzas y con él explotó el del ladrillo. De manera que en un país donde el que estudia era tomado por tonto, pues lógicamente los que siguen fumando Montecristo tuvieron que despedir a sus asalariados, que dejaron los estudios a medio hacer. Hoy, las bibliotecas y las oficinas del INEM están, repletas de ciudadanos. Para conseguir un puesto de trabajo fijo público se requieren dos carreras, algún master y muchas horas de academia.
Conscientes de que dejaron salir el aire del globo inmobiliario con demasiada prisa, se reaviva a través del incentivo fiscal la venta de vivienda hasta fin de año. Resulta que la venta de viviendas nuevas, que son las que tributan en el IVA, tienen una reducción a la mitad de tu tipo de gravámen. Lo que ocurre es que en tres meses es difícil obtener una hipoteca, y si se obtiene a un tipo de interés relativamente alto y con unas condiciones muy exigentes. Por eso, los que fumaban Montecristo y los que fumaban Fortuna desde el andamio, piden que se prolongue el periodo de reducción del IVA, a fin de que se mueva el mercado inmobiliario. No ya para hacer más casitas, sino para terminar las que quedan antes de que los okupas, o el musgo, se vayan apoderando de las construcciones,. Y con ella de los barrios, de los pueblos y de las ciudades fantasma que quedan al albur de la chatarra y la delincuencia. Con el estímulo fiscal se incentiva que el empleo emerja y que las clases trabajadoras vuelvan a tener una oportunidad.

Mas cuando finalicen estas obras deberán saber emprender un viaje hacia otras opciones curriculares o hacia otras latitudes. Se da la paradoja de que mientras quedan en España personas de otros países, son los españoles los que tienen que emigrar. Reflexionad sobre esto, porque tal vez la oportunidad esté en la diáspora. Pero eso sí, cuando volvaís a vuestra tierra, ya no será vuestra y habrá cambiado tanto que tendréis que extender vuestras raíces allá donde vayais. Ya hay lugares en España que no los reconoce nadie. Cosas de la ecología poblacional. Pero de esto, ya tendremos tiempos de tratarlo con datos y documentos reales. De momento, hay que acabar con el musgo, o las malas hierbas, rebajando el IVA.

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