lunes, 28 de noviembre de 2011

Las alambradas del dinero versus el valor de tus ideas.

Cada vez que habla Angela Merkel, me siento más judío.

El otoño va atrapando los rayos de sol, en un atardecer progresivamente más presto, como si quisiese decirnos que la luz falta en nuestra sociedad. Han creado entre nosotros el monstruo que nos aterra, con cabeza hipotecaria y tentáculos de desempleo. En ese ambiente, algunos eligen un enemigo equivocado con el que combatir y se desangran sin dignidad, mientras esperan la gloriosa venida de algún salvapatrias que les regale un plato de lentejas.

Vemos que en nuestros pueblos y ciudades no merma el dinero, sino que se incentiva el vacío de la moral (los valores elementales que nos habíamos dado). Vemos los campos de fútbol abarrotados donde la gente se insulta, centros comerciales donde se consume a raudales y gente que no renuncia al vicio que un día adquirieron. En medio de todo, otros tratan de vivir su vida lo más dignamente que pueden, resistiendo al nuevo influjo del consumismo.

Todos necesitamos momentos de alegría, pero por el camino algunos se van dejando el bonito espectáculo de vivir conforme a unos principios de buena fe. No digo de fe cristiana, sino de esa buena fe que nos enseñaban en los primeros años de preescolar, y que luego nos recordaban en el primer curso de Civil: La buena fe, la buena vecindad, el respeto por los mayores y la educada protección de los nuestros.
Frente a eso, incluso desde las instancias gubernamentales, sea del Estado o del pueblo más pequeño, se incentiva la pillería, el mercadeo y otras prácticas que hacen nuestras comunidades un poquito más irrespirables. ¿No te has parado a pensar que tú pueblo ya no es lo que era...?


Por fortuna, la mayoría de las personas tenemos el oxígeno de nuestra conciencia tranquila y de saber dirigir nuestros pasos sin seguir al rebaño, que intoxicado por los mass media, se unta de pesimismo a diario. Estos, algún día comprenderán que han perdido un bello tiempo y ya será demasiado tarde para emprender vuelo alguno.

Yo creo que la vida nos brinda todo un horizonte de posibilidades. El otoño nos recuerda que la hoja que hoy caduca, pronto brotará verde y renovada. Así es nuestra vida. Y es tan simple que lo único que morirá será un ser humano. Porque tu idea, el valor, el principio que es y será, pervivirá para siempre. En esa batalla, no podrán derrotarte los mercados, ni los charlatanes que hablan sin respirar.

Reproduce tu voluntad,como la estrella de mar cuando le parten un brazo. Nada ni nadie podrá detenerte, si dejas de seguir el pesimismo institucionalizado. Ólvidate del riesgo financiero y céntrate en los tuyos.

Detén el avance de la ignorancia, pues sus agigantados pasos no te dejarán ver más allá del credo. No aceptes este paradigma social y moral sin antes preguntar a quién beneficia. El mundo es el que es, pero ¿podría ser diferente?. Tú lo podrías hacer diferente.

Aprovecha los rayos del sol que te ofrece el otoño, pensando que algún día será primavera.

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