jueves, 28 de junio de 2012

España, finalista de la Eurocopa.

No escribiré nada si España gana o pierde el 1 de Julio.
El mérito de llegar a la final de la Eurocopa es ya de por sí suficientemente épico.

El fenómeno sociológico que esta produciendo nuestra selección es indescriptible. Diríase que nos situan en "el estado de la palabra". Muchas personas ayer seguramente se expresaron con el partido de balompié, frenético y casi agónico, que nos llevó a la victoria in extremis con nuestros vecinos de la Lusitania.
¿Qué pensar cuando Cristiano Ronaldo se disponía a lanzar las faltas? ¿Qúé decir del lanzamiento de penalty a lo Panenka de Sergio Ramos? ¿Qué conclusión sacar del ímprobo esfuerzo de Xabi Alonso y de Sergio Busquet?.

Esta selección española que otrora recordara la Hispania de Viriato o la Numancia de Caro de Segeda, es hoy un equipo que ha sabido aprender de todas las precedentes derrotas infringidas. Y los casi 20 millones de españoles que seguimos ayer su éxito debemos impregnarnos de ese espíritu. Si la situación general tiene remedio no hay lugar para la fácil desesperanza. También es cierto que no podemos agotarnos con el pase en corto bajo el Sol  y que alguién debe aventurarse a marcar el gol.  

Esta selección tiene el mérito de su capacidad de camaradería, independientemente del equipo del que provengan. Sabemos que nuestra defensa se basa en una resistencia sublime, quizá heredera de ese senequismo cordobés. Se debería complementar con la centralidad y decisión orteguiana.

Y si después de todo, llegamos a la conclusión este domingo de que nada ha servido para alzar el trofeo, tampoco habría que hacer de ello un cataclismo. Los jugadores han cumplido con su obligación de levantarse más veces de las que se caen. 

Por eso, el aliento de ilusión de nuestra selección española, no por ajustar cuentas en el terreno de juego con Alemania, sino por demostrarle a Europa que aquí también sabemos hacer las cosas bien, es motivo de alegría.

El sentimiento de nacionalidad vibra en las calles. Ojalá ese sentimiento se transforme en una motivación para ser ciudadanos tolerantes de pleno derecho, capaces de mirar al horizonte sin miedo. Porque la biodiversidad de España nos proveerá y conseguiremos en lo que en justicia es nuestro.

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