martes, 11 de diciembre de 2012

El valor del consejo profesional.

¿Haces caso a tu médico? ¿Sigues las recomendaciones de tu asesor fiscal? 
Te damos algunas pistas para saber si un profesional está haciendo bien su trabajo.

El ser humano siempre ha necesitado, a la hora de tomar decisiones, del consejo de alguien o de algo. Hay un proverbio que dice "el consejo del viejo", de ahí la importancia que históricamente se le ha venido otorgando a los senior. Palabra que etimológicamente ha originado otras como Senado. 
En la antigüedad el consejo del sacerdote o el chamán era primordial. Sabemos que en Grecia se acudía al oráculo de Delfos para estos menesteres. En la Edad Media y Moderna el gobernante siempre tenía alrededor suyo un Consejo o grupo de consejeros que le ayudarán en la dificil tarea de administrar su imperio o su reino.
La sociedad actual, con actores sociales diversos, no sería posible sin la existencia de la moderna consultoría. Todas las ramas del saber tienen aplicaciones prácticas para ayudar a tomar la senda correcta. La salud, los negocios, la tecnología. Todo pasa por el análisis, diagnóstico y tratamiento de un experto. 
Todavía hay quien se deja llevar por la intuición, o por el menos común de los sentidos. Lo cierto es que la vida de las personas no está escrita en los horóscopos, ni las oscilaciones del mercado pueden verse en el tarot. En pleno siglo XXI aún existen oportunistas que se aprovechan de la ignorancia de los demás.
Todo lo que puede decirse es que la única manera de tener más probabilidades de certeza es estudiando con profundidad el caso. Todo depende de qué asunto se trate. Si es complicado, se deben manejar datos, que si no se disponen hay que recabar.  Por ejemplo: los niveles hematológicos en una enfermedad cardiaca, el psicotécnico para ver el estado de ánimo de una persona muy inestable, el balance de situación de una empresa con pérdidas, el grado de popularidad de un nuevo candidato, etc.
La cuestión es que debe mediar una auténtica y recíproca sinceridad entre el aseror y su asesorado. Si este último no te cuenta toda la verdad es muy dificil poder conseguir un buen diagnóstico. La confianza es la clave para revelar lo que ocurre realmente. 
En cuanto al consultor, éste debe ofrecer el consejo adecuado, por dolorosa que pueda ser la solución. 
Un médico no puede recetar siempre Ibuprofeno y mucha agua, porque si la enfermedad es leve no tendrá mucha relevancia, pero si se trata de un proceso tumoral la intensidad y rapidez del tratamiento es vital.  Igual ocurre con el caso en el que un asesor fiscal derive a todos los autónomos al régimen de módulos. Si se trata de un autónomo con muchos ingresos tal vez pueda ser adecuado, pero si es un negocio con menos ingresos de los establecidos en la orden ministerial se le estaría causando un perjuicio irreparable. Casos como estos puede haber, pero de haberlos, poco dicen de la profesionalidad del que ejerce. 
Existen asesores a los que gusta del corta y pega. Ejemplos existen en la consultoría de imagen, en la informática o en la electoral. Tratar a todo el mundo según un standar tiene el problema de la reacción ulterior. De ahí, que el asesoramiento deba ser personalizado.
Por consiguiente, la decisión final dependerá del asesorado. El es quien debe decidir si sigue o no el tratamiento o las recomendaciones. Nadie puede obligarte a escoger. La libertad conlleva responsabilidad. He aquí la cuestión.
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