viernes, 12 de noviembre de 2010

La crema psefológica catalana.

El reciente barómetro publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas revela que la composición del Parlament, tras el 28-N, permite hacer cábalas sobre las futuras alianzas.
La victoria del nacionalismo democrata-cristiano (CiU) necesitará de la colaboración de 9 diputados de otras formaciones para poder alcanzar la mayoría absoluta requierida para elegir al President.
Si se aferra a la derecha se entenderá como un desprecio a sus bases más catalanistas. Si por contra se vincula con ERC se producirá un cierto "cleavege" en torno a la vinculación con España.
El declive del tripartito.
La crisis económica puede desmotivar a la población a la hora de votar. Esto significará en un coste relativo para los tres partidos que han gobernado la Generalitat.
En la nueva camara el PSC de Montilla perdería 4 diputados, derivado sobre todo de la creciente abstención en el cinturón obrero de Barcelona.
Los independentistas republicanos, tras una lucha intestina sin Carod Rovira, menguarían en 5. Los ecosocialistas de Joan Herrera sufrirían levemente la bajada. Iniciativa per Catalunya-Verds tendrá según el CIS un diputado menos.
Los pequeños partidos se mantienen.
El Partido Popular recogería la misma representación que tiene actualmente. Ni avanza, ni retrocede, porque su electorado suele ser el más estático. Su candidata tiene pocas ganas de pactar con Convergencia, aunque si se diera el caso, sería con el único de entre los posibles con quien podría hacerlo.
Algo semejante le ocurrirá a los Ciudatans de Albert Rivera, aunque augure algún diputado más.

Los experimentos fuera del Parlament.
El sistema de partidos catalán es pluralista pero no hasta el extremo de incorporar una atomización tan elevada. Por esto en el barómetro nada se observa respecto de la aventura del ex-presidente del F.C. Barcelona, ni de la candidatura de Antonio Robles por UPyD.
El organismo sociológico deja también fuera a la xenófoba Plataforma per Catalunya. El mensaje sobre la inmigración, se deja ver tímida y horizontalmente por algunas formaciones con posibilidad de escaño. Un ejemplo es el contrato de integración propuesto por Sánchez Camacho.

Por tanto, los ingredientes de esta crema psefológica catalana no se entienden bien por la suma de las partes. El todo resultante es eso y algo más. Sin duda, de difícil consistencia y asimilación. Esperemos que la intensiva represión marroquí sobre el pueblo saharaui no eclipse una campaña que se aventura emocionante.

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