miércoles, 8 de julio de 2015

Llamar a cada cosa por su nombre.

Estirar la semántica, hasta el punto de tergiversarla, es ir contra el octavo mandamiento católico o contra la honradez intelectual. Por eso, es bueno llamar a cada cosa por su nombre.
Quien utiliza el léxico con la técnica del subterfugio no es persona de fiar.  Y ya hay tantos términos bañados de hipocresía que todo el sistema, toda la estructura, se ha convertido en una gran mentira. 
Afortunadamente aún quedan algunos aventureros que quieren llamar cada cosa por su nombre. 

sábado, 14 de marzo de 2015

Alegato contra la arrogancia

Corren tiempos de egos desbordados. Las personas deben pasar muchas veces la prueba de la arrogancia. Esto se supera cuando se tiene educación, amabilidad y prudencia. 

sábado, 29 de noviembre de 2014

Hora Crepuscular.



Como si un pintor diera las primeras pinceladas del día me detengo a contemplar. Al fondo,sobre la ciudad, aparece el tono rojizo del sol de invierno. Amanece. Una pequeña nube blanca solapa el tímido rayo que va naciendo en el horizonte. 


Miro al cielo, que se adivina azul y, al pronto, es moteado por el vuelo perfectamente sincronizado de  una negra bandada de golondrinas. En el aire se percibe el aroma del pan recién horneado. Recuerdos de mi niñez.

domingo, 12 de octubre de 2014

La virtud de la experiencia.



Contemplando las primeras nieves de Sierra Nevada, los abigarrados tonos del valle y el lento caminar de las personas mayores, me propongo escribir sobre la experiencia. 

lunes, 8 de septiembre de 2014

El fin del verano


La luna viene con encanto a quedarse frente a este crespúsculo vespertino. El sol se pide un descanso, y por hoy se hunde bajo la montaña algo más pronto que ayer. Las luces de la ciudad van encendiéndose.
Llega la noche, sin haber sido invitada, a cumplir con el cometido de la quietud y nos sorprende sin haber cenado todavía.  Todo vuelve a su lugar. Un nuevo ciclo comienza.