domingo, 12 de octubre de 2014

La virtud de la experiencia.



Contemplando las primeras nieves de Sierra Nevada, los abigarrados tonos del valle y el lento caminar de las personas mayores, me propongo escribir sobre la experiencia. 

lunes, 8 de septiembre de 2014

El fin del verano


La luna viene con encanto a quedarse frente a este crespúsculo vespertino. El sol se pide un descanso, y por hoy se hunde bajo la montaña algo más pronto que ayer. Las luces de la ciudad van encendiéndose.
Llega la noche, sin haber sido invitada, a cumplir con el cometido de la quietud y nos sorprende sin haber cenado todavía.  Todo vuelve a su lugar. Un nuevo ciclo comienza.

Con el tubo de dentrifico en la mano, escucho por la radio una tertulia. Se recuerdan las tormentas de primavera, algo pasajero, un quiero y no puedo, un ir y venir de finales de mayo. ¿Qué fueron de aquellos raudales de agua? Hoy son aguas mansas que bajan por la ladera y su rumor ha callado el sonido de la chicharra.

Los colegios mañana se llenaran de niños ilusionados por un curso nuevo. Es el tiempo, que como dice el genio nunca es perdido. Los minutos escolares irán llenando las mochilas de la experiencia, y con suerte, alguna de ellas, albergará sus trofeos. El estudio y la curiosidad es el mejor de los regalos que ser humano ha creado para sus infantes.

Con los años, algunas personas pierden esta sensación. Y su interés por la vida no tiene mayor alumbramiento. Son como el sol que ya se puso hace unos minutos. Quizá mañana, cuando despierten vuelvan a tomarse un tiempo para aprender algo nuevo.

lunes, 18 de agosto de 2014

Del pretérito y del porvenir.

Es inefable. El pasado es un recuerdo díficil de compartir porque hasta él se llega por la vía limbica. Las sensaciones de toda una vida pasan ráudas, veloces, con la compañía de imágenes y sonidos de nuestra infancia, nuestra adolescencia, nuestro ayer.  

Algunos días, cuando dispongo de un tiempo de sosiego, respiro en mi interior aquella atmósfera de vida plena. Niños jugando sin ipad, mayores hablando de lo humano y lo divino, perros ladrando y sin correa, calles de piedra y escasas de asfalto. 

Otros días, prefiero imaginar. Sospecho que el futuro nos aguarda, como la orilla del mar espera a las ola. La divina providencia ya ajustó en demasía todo nuestro alborozo, y es tiempo de sonreir. Es la imagen de los deseos, de las buenas intenciones, de surcar el mundo dignamente, aunque sin proezas. 

De todos los tiempos, estoy convencido cual es el más valioso. El que más vale es el presente, el ahora. Miro a mi lado, y sé lo que me completa.