
Nadie puede arrogarse el fresco aroma del Patio de los Naranjos, ni apropiarse de la solemnidad de la Mezquita.
Si algo simboliza de manera
ineludible a la ciudad de Córdoba es la Mezquita. Hay otros rincones preciosos como Medina Azahara o el Alcázar, pero si de algo puede estar orgulloso un cordobés es de la Mezquita. Tal es así que hace muchos años la convirtieron en Patrimonio de la Humanidad.
Desde entonces pienso, que aunque tenga una Catedral dentro, todos deberíamos poder atribuirnos sus 850 arcos, su suelo, su luz, su majestuosidad y el respeto que nos infunde.
Estos días, concita la
atención de los medios de comunicación, al socaire de la inmatriculación
efectuada por el Cabildo en 2006. Como ya escribí en un post anterior, este tipo de inmatriculaciones se realizan
utilizando las facultades que la Ley Hipotecaria concede a la Iglesia en esta
materia, bastando una certificación expedida por la Diócesis.
Resulta que por obra de la
usucapión, si la Iglesia Católica, la posee durante 10 años, de manera pública, pacífica,
ininterrumpida y de buena fe se convierte ya no en posesión, sino en
propiedad. (Vid art.35 LH). Eso ocurrirá si nadie lo evita en 2016.
Estuve preguntándome si sería un bien de
dominio público, porque en ese caso no puede tener otro dueño que no sea el Estado. Y aquí llegué a la conclusión de nadie se preocupó de inventariarlo. La dejadez, en este caso de
las diferentes administraciones territoriales, ha dado lugar a interpretar que
se daba licencia para usucapir. De tal manera que la solución sería la expropiación. No hace falta ni decir las fundamentadas razones de interés público del monumento.
Así que muchos ciudadanos están
firmando para que la administración le recuerde a la Iglesia, que robar es
pecado. Esto es, que no se debe pretender el dominio de algo que es patrimonio de todos.
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