domingo, 12 de octubre de 2014

La virtud de la experiencia.



Contemplando las primeras nieves de Sierra Nevada, los abigarrados tonos del valle y el lento caminar de las personas mayores, me propongo escribir sobre la experiencia. 

Alguna vez en la vida, alguien fue nuestro primer maestro de algo. No me refiero sólo de las primeras letras o los prístinos guarismos, sino a otras muchas cosas que existen en la naturaleza.


De pequeños solemos interrogar a todo el mundo, pensando en que todo tiene un porqué. Sin embargo, cuando uno recorre, con consciencia, el inexorable camino de la vida se da cuenta de que el mundo está más concurrido de incertidumbres que de certezas. Y eso que, en ese transitar, siempre habrá algún alquimista que prometa  la solución fácil. 

Nuestros mayores nos dicen que ese ilusorio encantamiento suele estar reñido con la honestidad del trabajo bien hecho, del pensamiento bien estructurado o del recto camino hacia la felicidad. 

Ahí, siguen sembrando junto a la acequia, tal y como les enseñaron sus antepasados. Al levantar la cabeza te saludan con una sonrisa. Yo continuo mi senda guardando, en el ánfora de los momentos, cada experiencia vivida. Todo esto, bien interpretado, puede enseñar más que algunos libros voluminosos.
Mañana seguro que volverá a salir el sol para reflejar con su rayos las albinas cumbres del Mulhacén.

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